Cómo nos sana el optimismo...?

24.08.2013 04:04

   Desde la prehistoria e invocando diversidad de creencias se ha atribuido gran importancia a la participación de entidades y factores “metafísicos” en la recuperación de la salud perdida. Curanderos de todo tipo asignan gran importancia a la subjetividad del enfermo en el proceso curativo. La esperanza y el optimismo son considerados esenciales para mitigar o curar eficazmente casi cualquier dolencia corporal.

   Quizás a regañadientes la ciencia moderna ha debido aceptar la ocurrencia de efectos aparentemente “espirituales” en la sanación, en buena parte como consecuencia de la observación de resultados de investigación que muestran que la administración de medicamentos simulados (tipo placebo) con frecuencia produce dramáticos beneficios a la evolución clínica de los enfermos.

   Al respecto resulta impactante verificar cómo grupos de pacientes que reciben tratamientos “inefectivos” (con efecto no superior a placebos) muestran importantes grados de mejoría con respecto a grupos que no han recibido ninguna clase de tratamiento por haber permanecido en “listas de espera”. Tales resultados indican entonces que ocurre un efecto sanador por la mera participación de los pacientes en el contexto curativo. Se ha sugerido que tal efecto ocurre mayormente cuando en el ámbito mental del paciente están presentes al menos 3 condiciones: a) Sentido de la esperanza b) Intercambio afectivo intenso con un entorno íntimo y c) Perspectiva de una vida útil . La constelación psicológica de tal contexto sanativo es un proceso lógicamente complejo que requiere ser comprendido en toda su extensión y profundidad.

   Vivir implica el funcionamiento sinérgico y armonioso de toda la maquinaria corporal con sus distintos tejidos y órganos, para cumplir a cabalidad las expectativas propias de la vida, en necesaria interacción con un medio ambiente cuya naturaleza y circunstancias cambian en el curso del tiempo. El cumplimiento de la función tisular u orgánica acarrea un grado de “desgaste” natural que es continuamente compensado mediante el correspondiente proceso de reconstrucción para mantener la estructura y la función, lo que en buena medida se lleva a cabo mediante el descanso. La enfermedad se instala cuando quiera que el normal proceso de reconstrucción resulta insuficiente para compensar a cabalidad el desgaste del órgano u órganos afectados, lo que a su vez depende de las circunstancias particulares del vivir, así como de las predisposiciones genéticas presentes en el sujeto.

   La salud puede ser vista como el resultado de una interacción armoniosa entre el cuerpo, la mente y el medio ambiente, tal que prevalezca el bienestar del individuo. La salud se pierde cuando el bienestar se pierde por la afectación de la estructura y función de uno o más órganos o tejidos. Perder la salud implica un duelo psicológicamente típico desencadenado por el miedo, como se aprecia en el esquema anexo . Restablecer la salud implica un tránsito sanativo durante el cual de alguna manera se alivie la carga de trabajo del tejido afectado, dando oportunidad a que los procesos reparativos se pongan al día en su tarea. Sanar implica un proceso de reconstrucción tisular que es afectado por la composición nutricional del medio extracelular, así como por la presencia de señales sistémicas capaces de evocar en las células afectadas las respuestas químicas necesarias para adelantar con éxito el proceso reparativo e influir en la reinserción sinérgica del tejido reparado con las demás células y tejidos con los que interactúa de manera directa o indirecta. El cuerpo es una totalidad que opera aprovechando las sinergias implícitas en el funcionamiento simultáneo y global de todo su aparataje.

   Las evidencias sugieren que en ese concierto sinergístico la actividad motora y sensorial  cumple una importantísima función de encendido sin la cual la sanación reparativa de los tejidos afectados pierde vigor. El proceso de sanación parece ser de algún modo favorecido en la medida en que se logra preservar la funcionalidad multiorgánica propia del andar.  En un esquema de atención ambulatoria ello implica procurar la alimentación adecuada, así como mantener en lo posible un grado de actividad física y una relación suficientemente gratificante con el entorno para asegurar una señalización sistémica  (nerviosa, endocrina e inmunocrina) favorable a la reconstrucción sanativa. Ello puede requerir vencer condicionamientos biológicos, culturales y psíquicos que naturalmente (y dependiendo de la personalidad) halan al paciente hacia la postración propiciando la derrota, y en cambio asumir una actitud optimista que convoque a la actividad física y mental y favorezca la sanación. Las fuentes del optimismo sanativo son múltipes y su convocatoria escencial, atendiendo de modo inteligente las particularidades y posibilidades psícofísicas, mentales, socio-culturales y religiosas del caso.

Por:

N Iván Contreras, Sección de Neurofisiología Clínica, Medicina-Razetti, UCV, Caracas
Valeska Magierek, Instituto Federal Sudeste de Minas Gerais, Brasil
Maribel Ruiz, Psicólogo, Sinaloa, México
 
Bibliografía básica:

The power of context: reconceptualizing the placebo effect. Miller FG, Kaptchuk TJ.

J R Soc Med. 2008 May;101(5):222-5

The evolutionary psychology of healing: a human success story. Humphrey N, Skoyles J.

Curr Biol. 2012 Sep 11;22(17):R695-8

Ann N Y Acad Sci. 2009 Mar;1156:198-210

 
 
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